Con apenas 16 años y dos temporadas dentro del motocross, Mateo Álvarez representa la nueva generación de pilotos que empieza a consolidarse en las válidas departamentales, demostrando que el relevo del deporte ya está en marcha.
Un inicio que nació en casa
Su historia comenzó gracias a la insistencia y al apoyo familiar. “Yo le decía a mi papá que quería una moto, compramos una 85 Husqvarna y ahí empezamos”, cuenta el joven piloto, quien hoy compite sobre una 125 buscando mejorar carrera tras carrera. El proceso ha sido rápido, pero constante. Primero aprendió junto a su padre y posteriormente inició entrenamientos formales con instructor, fortaleciendo técnica y confianza dentro de la pista.
Entre curvas, saltos y aprendizaje
Para Mateo, el motocross significa emoción y descubrimiento. Disfruta especialmente conocer nuevas pistas y adaptarse a distintos trazados.
En Girardota encontró un circuito que le permitió explotar sus cualidades.“Las curvas sirven para sacar ventaja y pasar al adversario, pero en los saltos es donde uno demuestra el talento”, explica, destacando la sensación de controlar la moto en el aire. Aunque reconoce sentir nervios en el partidor, asegura que la concentración es clave. “Intento pensar que estoy entrenando solo y así controlo el miedo”. Su meta es clara: convertirse en piloto profesional. Mientras tanto, envía un mensaje a quienes quieren empezar: “Es un deporte muy lindo, se disfruta mucho y si tienen la oportunidad, métanse al motocross”.
![]()
